viernes, 1 de septiembre de 2017

Sucesos Extraños, Episodio II

SIN PALABRAS

  Cae la noche con manto aterciopelado. Toda la fábrica se encuentra en calma. Los trabajadores y las máquinas han dejado la jornada atrás. Solo el guardia nocturno se pasea por los pasillos, vigilando que todo se encuentre en orden.
  Una oscuridad total cubre cada rincón. Apenas la luz de una linterna ilumina pequeños espacios sin revelar nada inusual. El silencio deja su huella; los árboles en calma observan a través de las ventanas.
   De súbito, un suave murmullo alerta al guardia. Es el ruido de una de las máquinas funcionando.
  Extrañado, camina hacia el origen del sonido, observando con detenimiento todo el pasillo. Enciende una tenue luz sobre la maquinaria y ve para su sorpresa que está apagada. Revisa los interruptores una y otra vez. Siguen abajo, como hace horas.
 Suspira contrariado, niega con la cabeza. "Ha sido solo mi imaginación", dice para sus adentros. Se voltea para emprender la marcha, echando un último vistazo al pasillo. Todo sigue tranquilo.
Pero cuando está por abandonar el lugar, un ruido lo detiene. Es un gruñido, sutil, extraño. Apunta con la linterna en todas direcciones; por un impulso se persigna. Allí hay algo, pero no puede verlo.
  Alguien entonces respira en su nuca. Queda paralizado y suelta la linterna que rebota a unos metros de sus pies. Tarda unos segundos en darse cuenta y con paso tembloroso camina para recogerla. Se agacha y la toma. Sus manos se mueven casi entre espasmos; apenas las controla.
 Sin explicación alguna, mira entre sus piernas. Y entonces ve lo que ha estado rondando por la fabrica. Vuelve a soltar el objeto. Quiere correr, pero sus piernas no responden. Está paralizado y temblando de terror. Siente aquello a sus espaldas, pero no se atreve a mirar.
  Un grito de pánico busca salir de su boca. Se queda atorado allí.

  Al día siguiente, uno de los funcionarios del turno de la mañana lo encuentra de pie, en el mismo sitio. Tiene la boca abierta, los ojos a punto de salir de sus cuencas.
  El trabajador pregunta que pasa, pero no obtiene respuesta. De hecho, a causa de lo que vio esa noche, el pobre guardia nunca más volverá a hablar. 
  Por eso nadie logró saber que es lo que había visto merodeando entre las máquinas, una entidad que seguiría allí por años, sin que nadie la descubriera, hasta que...

lunes, 12 de septiembre de 2016

Interregno: Detrás de la máscara

   Desde lo alto del teatro y oculto de los tramoyistas que se encuentran observando con detenimientos el espectáculo, un extraño espectador enmascarado observa en silencio la escena que se desarrolla, aquella donde el protagonista besa los labios de la doncella dormida sobre un lecho de rosas perfumadas. Contempla a los ocasionales amantes apretando con firmeza un objeto oculto bajo la oscuridad de su capa, aguardando el momento preciso para intervenir.

  Al cabo de un instante, prorrumpe un aplauso cerrado del público, mientras los actores continúan besándose para dar mayor realismo a su representación.

   Entonces, el misterioso personaje se aferra a una cuerda ajada que mantiene el telón arriba del proscenio y sosteniéndose de ella, desciende de las alturas con una dramática entrada que llama la atención de todos los presentes, sobre todo de los artistas, que se separan por un segundo y se quedan mirándole sin comprender demasiado.

   Disfrutando de la sorpresa que le entrega su irrupción repentina, el singular visitante introduce la mano en su capa, lentamente extrae una pistola y la apunta sin dilación hacia los actores, quienes contienen el aliento al ver con nitidez el objeto que acaba de empuñar. Luego, mirando en dirección al público, enseña el arma con descaro, oyendo las exclamaciones de sorpresa, temor y miedo que preceden a su cometido.

  Acto seguido y sin dejar de observar a la concurrencia, con toda la parsimonia posible ejecuta una reverencia inclinando su cuerpo menudo hacia adelante, haciendo que los presentes contengan el aliento en un evidente gesto de tensión. Deja escapar una horrenda carcajada y respirando a pausas se deja ver por los actores, causando un leve pero perceptible destello de terror en los ojos de la chica, que lo reconoce sin ninguna duda pese al falso rostro que trae puesto.

  La bella actriz retrocede unos pasos aún aferrada a la mano de su compañero, quien logra sentir el terror reflejado en sus ojos y da pie atrás movido por un impulso, reacción tomada por el misterioso acechador como un intento de escape, por lo que avanza hacia la pareja con pasos largos y marcados que retumban en todo lo alto del teatro ahora silencioso.

  La muchacha entonces lo conmina a detenerse mientras sigue retrocediendo, soltando de súbito la mano de su compañero y corriendo de improviso hacia el interior del enorme recinto, olvidando por completo que la obra sigue en curso.

   El enigmático enmascarado se precipita detrás de la chica, pasando raudamente por el lado del actor que apenas atisba un gesto de contrariedad antes de seguir a su ocasional adversario. Mientras tanto, el público expectante se levanta de sus asientos, queriendo ver desde allí el desenlace de la repentina estratagema del extraño pero sin conseguirlo, desconociendo si dicha intervención es parte de la obra o un hecho del todo inesperado.

   Algunos espectadores suben al escenario con notorio desasosiego, incapaces de saber lo que ocurre en el interior del recinto, sitio vedado a sus ojos por extensos cortinajes de un intenso color carmesí. Solo pueden oír los gritos aterrados de la chica, los insultos del actor hacia el enmascarado y la sutil risa del acechador, que no dice ni media palabra.

   Por un instante, un profundo silencio se apodera del teatro, apenas alterado por la respiración agitada de los tres protagonistas y el aliento contenido por el público en general. De pronto, el tronar de un furibundo disparo destruye la aparente calma, seguido por el llanto inmisericorde de la actriz, que regresa al escenario cubriéndose la boca con las manos sin dejar de llorar y mirando aterrada hacia el lugar que acaba de abandonar. 

   Desde allí, aparece la figura desgarbada del enmascarado, todavía con el arma en la mano y apuntando con frialdad al punto entre los ojos de la asustada actriz. Ella tiembla profusamente, sabiendo lo que pretende el sujeto y de puro terror cae al suelo, paralizada por la mirada oscura que logra vislumbrar detrás de la máscara. 

 Respirando exaltado, el misterioso personaje decide develar su identidad despojándose de su falsa apariencia, dejando al descubierto el rostro marcado por el sudor del actor principal, cuya mirada desencajada aterra a los presentes y enmudece a la actriz que no mueve un músculo presa del pánico. Luego, sonriendo con la marca inconfundible de la locura, el joven deja de apuntar a su compañera y coloca el arma sobre su sien derecha, solo un segundo antes de disparar la bala que le quita la vida y salpica de sangre el escenario.

   De inmediato los tramoyistas bajan el telón, cubriendo la triste escena y dejando al público presente sin respuestas ante el inesperado desenlace de la obra. Muchos comienzan a murmurar entre sí, en una mezcla de terror y confusión por la correlación de los hechos y contrariados ante la aparición final del protagonista, a quien dieron por muerto tras el enfrentamiento que tuvo lugar dentro del teatro.

   Nadie entiende lo que ha ocurrido y en su interior, presienten que jamás lograrán revelar el misterio oculto detrás de esta historia, aferrada a la sombría máscara como una rosa se adhiere a la primavera cuando el frío invierno besa sus pétalos.


martes, 16 de agosto de 2016

Sucesos Extraños, Episodio I

EL FUMADOR DE LA CHIMENEA


    Como cada tarde, la niña se sienta delante de la mesa con la cabeza apoyada sobre los brazos y mirando el horizonte, esperando que llegue la hora en que su padre vuelve a casa.

   Recuerda la dulce melodía que aquel hombre tarareaba junto a su cama, poco antes de arroparla y desearle las buenas noches con un beso cálido en la frente.

  Mientras espera, observa a su madre en la cocina, revolviendo con una enorme cuchara de madera en el interior de una olla que revela las marcas del tiempo en su grisácea estructura.
    Escucha a los pájaros en sus últimos cantos antes del anochecer y se estremece con los aullidos de los perros que pululan por las calles buscando un refugio donde guarecerse.
    Divisa por la ventana a los pocos niños regresando a sus casas después de una extensa jornada de juegos y correrías, impacientes por llegar a cenar o ver algún programa en la única televisión que se pueden dar el lujo de tener.
   Por un instante cierra los ojos, sintiendo el aroma de la brisa danzando entre las hojas de los árboles, llamando entre susurros uniformes a la lluvia oculta en las nubes de algodón.
    De súbito, arrebatada de su ensoñación, escucha a lo lejos un particular silbido, que reverbera en el atardecer con la intensidad de la marea alta.
    A todo correr sale a la calle y se pone de pie junto a un delgado riachuelo que fluye a través de las casas que se alzan a sus lados como guardianes de madera y roca.
   Observa con la mano en la frente hacia la lejanía, fijando sus ojos inocentes en el camino que conduce hasta su hogar, esperando ver surgir entre el rojo atardecer a su padre, pero no lo encuentra. En su lugar, sentado sobre la copa de un frondoso árbol, descansa un extraño hombre vestido de negro, cuya silueta se confunde con los últimos rayos del sol. De su boca nace un largo cigarrillo que expele un raro vapor gris, que el misterioso sujeto inhala por la nariz con ávido interés.
  La niña por su lado, no deja de mirar al extraño, sorprendida y asustada a partes iguales por el espectáculo que debe presenciar, olvidando por un momento el motivo de su estadía fuera de la casa.

   De pronto, movido por alguna fuerza sin par, el extraño hombre de negro baja del árbol dando un magnífico brinco y queda de pie en medio del riachuelo, donde arroja el cigarrillo que fumaba. Luego, sin mirar a ninguna parte, camina con parsimonia hacia una chimenea de metal, recostada sobre una pared y que es utilizada por la gente del lugar para quemar los desperdicios y permitir que el infesto humo de la basura se marche más allá de las estrellas.

   Antes de hacer algo, el sujeto mira la niña y con un gesto cortés de su mano izquierda la saluda, para luego volverse humo e internarse dentro de la chimenea, desapareciendo misteriosamente de la vista de su única espectadora.

  Horas más tarde, cuando el padre regresa a casa, encuentra a su mujer inquieta e impaciente y a su niña recostada sobre las rodillas de su madre, temblando aterrada y balbuceando palabras inconexas que no logra comprender.









lunes, 18 de abril de 2016

Recuerda…



"Recuerda aquel día, hace tantos años. Recuerda el rasgueo de la pluma sobre el papel, el olor de la tinta inundándolo todo. Recuerda".


"Recuerda el sonido del agua, el aroma de la hierba meciéndose al ritmo del viento. Recuerda el baile de las hadas, la risa de las Musas".

“Recuerda el rugido de los dragones, volando libremente sobre el cielo imaginario de tus oníricas travesías".

“Recuerda el tintineo del metal de tu estirpe, acariciando tenuemente el Canto de Hierro de los mensajeros del Ocaso".

"Recuerda el compás de tus latidos, las imágenes que revoloteaban en tu imaginación. El roce de tus dedos al blandir la daga entintada".

“Recuerda la magia de las palabras encantadas, el verso glorioso de los antiguos maestros que fueron guiados por las letras".

“Recuerda el principio del camino, el inicio del sendero que te llevó a ser un caballero de tinta y papel.
Recuerda las razones que esgrimiste cual espada para oponerte al destino y por las que guardaste tu rostro detrás de una gélida máscara".


“Recuerda el dolor insoportable que debiste tolerar, la tortura sin nombre que infligiste a tu ser antes de convertirte en un símbolo imperecedero".

“Recuerda el bello aleteo de las aves ululando a tu alrededor, planeando con la gracia de la majestad del cielo despejado y del brillante sol incandescente".

“Recuerda las espinas de la rosa inalcanzable que se clavaron en tu carne desnuda, mientras buscabas conquistar los labios de rojo carmesí de la Musa que era tu perdición adorada".

“Recuerda el suave rocío de la lluvia al amanecer, el plácido vaivén de las olas humedeciendo los dedos de tus pies con sutil armonía sublime".

“Recuerda el beso perdido de la princesa que con su inocencia rozó los hilos plateados de tu alma sórdida y vengativa".

“Recuerda la música del violín que inflamaba las cuerdas por donde transita tu sangre, nacida en el frío de la pálida tormenta del atardecer olvidado".

“Recuerda la melodía embriagadora entonada por los gráciles cabellos rojizos de la Señora de tus desvelos incontables, el verde esmeralda de su triste mirada anhelante".

“Recuerda el reflejo de la noche, marcada a fuego en los cimientos de tu ira dormida por el paso de los Eones".

“Recuerda las cadenas de la Caja de Pandora, que se llevaron con la llegada del crepúsculo la voluntad inquebrantable de tus miedos".

“Recuerda a los dioses vanidosos que hicieron naufragar al Poeta de los Mares para obligarte a perder la ruta hacia el Mundo de las Letras"

“Recuerda quien eres, lo que eres y aquello que tus deseos insondables pretenden hacer de ti, sin importar los obstáculos impuestos por la sombra a tu feble humanidad.
Simplemente recuerda y no vuelvas a olvidar".


lunes, 31 de agosto de 2015

Mar sin retorno

Hace dieciocho días con sus noches que no deja de llover en esta inhóspita isla del Pacífico, mismo tiempo que llevamos varados aquí después de que nuestro barco encallara debido de la tormenta.
Ignoramos cuánto más permaneceremos en estas condiciones, sin más comida que las suelas de nuestros zapatos y bebiendo nuestros propios orines.
Por esto, algunos perdieron la razón y a tropel de caballos decidieron adentrarse en lo profundo del bosque que precede a la costa, para buscar provisiones o si hallan algún signo de vida humana. De eso, según las líneas que he demarcado en la tierra, van casi cuatro jornadas y hasta ahora, ninguno regresó, por lo que los demás ya pensaron en tratar de navegar sin que la tormenta amaine.
El único que se niega a tal idea soy yo, el capitán de esta desafortunada travesía a la que nos arrojaron los monarcas de un país que ya ni recuerdo.
“Riquezas y abundancia encontrarán allí donde van”, dijeron aquellos, con una sonrisa de bufón tan teñida de mentira que no concibo como accedimos a tan demencial viaje. Quizá ha sido la codicia o bien, la estupidez. A Dios pido tener vida suficiente para averiguarlo.

Ya oscureció, el cielo ha despejado un poco y diviso los rayos pálidos de la luna. Conmigo, los escasos navegantes que se mantienen firmes a mi vera, presas de un temor que les inmoviliza hasta las entrañas. Una hoguera triste crepita en el centro de este corro sin nombre, augurando una noche aciaga.
Tras de mí, el bosque. El viento tropical mece las ramas y las hace crujir en un pesado lloro, parecido al rechinar de cadenas oxidadas.
De pronto, oigo algo más que no distingo; parecen pasos, correrías de un escape esquizoide o, si debo ser preciso, una carrera que pretende alejarse de la Parca, la muerte.
Me yergo y de entre los árboles, prorrumpe uno de los hombres que partieron al interior de la selva. Veo en su mirada el pánico atenazándole, pero mis ojos se percatan de que le falta el brazo derecho.


Al pasar junto a mí musita una súplica, que no logro comprender a tiempo. Una sombra, tan alta como dos hombres, surge cual exhalación que se lleva el diablo. Caigo de rodillas a causa de la impresión y me pierdo en la negrura. El viaje ha terminado. La Parca ha venido por nosotros.

martes, 28 de julio de 2015

Un susurro en las gotas de lluvia

Acabamos de dejar el teatro atrás. Las gotas recién comienzan a caer y nos mojan el pelo. Caminamos por la acera, rápido para llegar pronto al auto. Ella se pega a mí, introduciendo su mano en la parte trasera de mi abrigo y pone su cabeza en mi hombro con dulzura. Sonrío expectante, los latidos de su corazón retumban en mis oídos igual que el agua cayendo en el piso.
Siento su mano tibia en la espalda, rozando en un jugueteo todos los rincones que encuentra. Le veo el rostro, una sonrisa sensual se dibuja en sus labios, llenando mi memoria de recuerdos profundos y acelerando mi pulso. Ella lo sabe, pero no se mueve.
Cuando llegamos al auto, antes de abrirle la puerta, le contengo el rostro con ambas manos y deposito en su boca un beso cálido y suave; lo responde como arrojada a una ilusión que solo sus ojos pueden divisar en la oscuridad de la noche de invierno.
Arrobado de ansias le cedo el paso para que entre. Sonríe y se sienta. Con la mirada ve como me dirijo hacia el asiento del conductor y apenas deposito mi humanidad en el interior del vehículo, acerca su boca a mi oído y en un susurro perpetuo, musita: “Te amo”

Un escalofrío me atenaza la piel. Despierto de golpe de la quimera de mi inconsciente y me quedo mirando por la ventana desde la soledad de mi lecho.  Giro hacia un lado, tratando de abrazar a aquella con la que sueño cada día, pero no la encuentro pues jamás estuvo allí.
Su voz y esas dos palabras son como un monstruo que desgarra mi mundo, aunque siempre he sabido que solo es un susurro, un instante de engaño que no existió.

Todavía no me acostumbro a este juego de nunca acabar.

lunes, 25 de mayo de 2015

Sendero de sombras

Caminamos por los callejones del laberinto durante varios días, buscando alguna vía para poder escapar.
Avanzamos todos juntos, cercanos centímetro a centímetro y resguardando cualquier flanco que pudiésemos dejar a las fuerzas habitantes de aquella prisión fantástica.
Nos habían pagado un alto precio para hallar a la criatura, pero esta no dio señales de vida, no mientras estuvimos buscándola.
Ahora que huíamos hacia una salida, el grito subyugado del monstruo nos heló la sangre.
Una enorme y horrible sombra surgió de la nada y hundió todo en el silencio.  Entonces comprendimos que alguien moriría.


Sucesos Extraños, Episodio II

SIN PALABRAS   Cae la noche con manto aterciopelado. Toda la fábrica se encuentra en calma. Los trabajadores y las máquinas han dejado ...

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