lunes, 25 de mayo de 2015

El viajero de la desolación

Eran las tres menos cuarto de la tarde, de un día de invierno gris y gélido y sentado frente al andén, aquel hombre miró su reloj, mostrando los ojos la tristeza que le corroía.
De súbito, silbando con los estrépitos de un gigante cansado, el tren trashumante se asomó por el horizonte, dejando tras de sí una estela de recuerdos nublados.


Aquel hombre se puso de pie y esperó a que el armatoste llegara hasta él. Cuando las puertas se abrieron y vio un féretro, apenas comprendió que su esposa había fallecido.

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