martes, 28 de julio de 2015

Un susurro en las gotas de lluvia

Acabamos de dejar el teatro atrás. Las gotas recién comienzan a caer y nos mojan el pelo. Caminamos por la acera, rápido para llegar pronto al auto. Ella se pega a mí, introduciendo su mano en la parte trasera de mi abrigo y pone su cabeza en mi hombro con dulzura. Sonrío expectante, los latidos de su corazón retumban en mis oídos igual que el agua cayendo en el piso.
Siento su mano tibia en la espalda, rozando en un jugueteo todos los rincones que encuentra. Le veo el rostro, una sonrisa sensual se dibuja en sus labios, llenando mi memoria de recuerdos profundos y acelerando mi pulso. Ella lo sabe, pero no se mueve.
Cuando llegamos al auto, antes de abrirle la puerta, le contengo el rostro con ambas manos y deposito en su boca un beso cálido y suave; lo responde como arrojada a una ilusión que solo sus ojos pueden divisar en la oscuridad de la noche de invierno.
Arrobado de ansias le cedo el paso para que entre. Sonríe y se sienta. Con la mirada ve como me dirijo hacia el asiento del conductor y apenas deposito mi humanidad en el interior del vehículo, acerca su boca a mi oído y en un susurro perpetuo, musita: “Te amo”

Un escalofrío me atenaza la piel. Despierto de golpe de la quimera de mi inconsciente y me quedo mirando por la ventana desde la soledad de mi lecho.  Giro hacia un lado, tratando de abrazar a aquella con la que sueño cada día, pero no la encuentro pues jamás estuvo allí.
Su voz y esas dos palabras son como un monstruo que desgarra mi mundo, aunque siempre he sabido que solo es un susurro, un instante de engaño que no existió.

Todavía no me acostumbro a este juego de nunca acabar.

1 comentario:

  1. Hermoso y entrañable cuento.La mente si la dejamos libre para que vuele imaginables, nos encuentra siempre que desear y de que añorarnos. Salud y amor

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