lunes, 12 de septiembre de 2016

Interregno: Detrás de la máscara

   Desde lo alto del teatro y oculto de los tramoyistas que se encuentran observando con detenimientos el espectáculo, un extraño espectador enmascarado observa en silencio la escena que se desarrolla, aquella donde el protagonista besa los labios de la doncella dormida sobre un lecho de rosas perfumadas. Contempla a los ocasionales amantes apretando con firmeza un objeto oculto bajo la oscuridad de su capa, aguardando el momento preciso para intervenir.

  Al cabo de un instante, prorrumpe un aplauso cerrado del público, mientras los actores continúan besándose para dar mayor realismo a su representación.

   Entonces, el misterioso personaje se aferra a una cuerda ajada que mantiene el telón arriba del proscenio y sosteniéndose de ella, desciende de las alturas con una dramática entrada que llama la atención de todos los presentes, sobre todo de los artistas, que se separan por un segundo y se quedan mirándole sin comprender demasiado.

   Disfrutando de la sorpresa que le entrega su irrupción repentina, el singular visitante introduce la mano en su capa, lentamente extrae una pistola y la apunta sin dilación hacia los actores, quienes contienen el aliento al ver con nitidez el objeto que acaba de empuñar. Luego, mirando en dirección al público, enseña el arma con descaro, oyendo las exclamaciones de sorpresa, temor y miedo que preceden a su cometido.

  Acto seguido y sin dejar de observar a la concurrencia, con toda la parsimonia posible ejecuta una reverencia inclinando su cuerpo menudo hacia adelante, haciendo que los presentes contengan el aliento en un evidente gesto de tensión. Deja escapar una horrenda carcajada y respirando a pausas se deja ver por los actores, causando un leve pero perceptible destello de terror en los ojos de la chica, que lo reconoce sin ninguna duda pese al falso rostro que trae puesto.

  La bella actriz retrocede unos pasos aún aferrada a la mano de su compañero, quien logra sentir el terror reflejado en sus ojos y da pie atrás movido por un impulso, reacción tomada por el misterioso acechador como un intento de escape, por lo que avanza hacia la pareja con pasos largos y marcados que retumban en todo lo alto del teatro ahora silencioso.

  La muchacha entonces lo conmina a detenerse mientras sigue retrocediendo, soltando de súbito la mano de su compañero y corriendo de improviso hacia el interior del enorme recinto, olvidando por completo que la obra sigue en curso.

   El enigmático enmascarado se precipita detrás de la chica, pasando raudamente por el lado del actor que apenas atisba un gesto de contrariedad antes de seguir a su ocasional adversario. Mientras tanto, el público expectante se levanta de sus asientos, queriendo ver desde allí el desenlace de la repentina estratagema del extraño pero sin conseguirlo, desconociendo si dicha intervención es parte de la obra o un hecho del todo inesperado.

   Algunos espectadores suben al escenario con notorio desasosiego, incapaces de saber lo que ocurre en el interior del recinto, sitio vedado a sus ojos por extensos cortinajes de un intenso color carmesí. Solo pueden oír los gritos aterrados de la chica, los insultos del actor hacia el enmascarado y la sutil risa del acechador, que no dice ni media palabra.

   Por un instante, un profundo silencio se apodera del teatro, apenas alterado por la respiración agitada de los tres protagonistas y el aliento contenido por el público en general. De pronto, el tronar de un furibundo disparo destruye la aparente calma, seguido por el llanto inmisericorde de la actriz, que regresa al escenario cubriéndose la boca con las manos sin dejar de llorar y mirando aterrada hacia el lugar que acaba de abandonar. 

   Desde allí, aparece la figura desgarbada del enmascarado, todavía con el arma en la mano y apuntando con frialdad al punto entre los ojos de la asustada actriz. Ella tiembla profusamente, sabiendo lo que pretende el sujeto y de puro terror cae al suelo, paralizada por la mirada oscura que logra vislumbrar detrás de la máscara. 

 Respirando exaltado, el misterioso personaje decide develar su identidad despojándose de su falsa apariencia, dejando al descubierto el rostro marcado por el sudor del actor principal, cuya mirada desencajada aterra a los presentes y enmudece a la actriz que no mueve un músculo presa del pánico. Luego, sonriendo con la marca inconfundible de la locura, el joven deja de apuntar a su compañera y coloca el arma sobre su sien derecha, solo un segundo antes de disparar la bala que le quita la vida y salpica de sangre el escenario.

   De inmediato los tramoyistas bajan el telón, cubriendo la triste escena y dejando al público presente sin respuestas ante el inesperado desenlace de la obra. Muchos comienzan a murmurar entre sí, en una mezcla de terror y confusión por la correlación de los hechos y contrariados ante la aparición final del protagonista, a quien dieron por muerto tras el enfrentamiento que tuvo lugar dentro del teatro.

   Nadie entiende lo que ha ocurrido y en su interior, presienten que jamás lograrán revelar el misterio oculto detrás de esta historia, aferrada a la sombría máscara como una rosa se adhiere a la primavera cuando el frío invierno besa sus pétalos.


5 comentarios:

  1. "aferrada a la sombría máscara como una rosa se adhiere a la primavera cuando el frío invierno besa sus pétalos"

    Un final cautivador, y es que al igual que esos pétalos nosotros también nos acercamos a la primavera del alma.

    Un saludo de luz

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  2. Buenas.
    Muy interesante tu blog y muy atractivos tus textos.
    Ya te seguimos para leerte.
    Un saludo.
    Samu.
    http://vivoentijyp.blogspot.com

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  3. Genial relato, casi pude ver al morboso público y, desde luego, sentí la angustia de la chica.

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  4. Vaya, que grata sorpresa que me acabo de llevar :) No sabía que tenías un blog,y ha sido un gran descubrimiento! Qué historia más terrible y misteriosa, me ha gustado mucho ^^

    Ya me pasaré más a menudo por aquí ;) Buenas noches Nabar!

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